SECCIONES
 Portada
 Opinión
 Entrevista
 Sevilla
 Sociedad
 Sanidad
 Comunicación
 Deportes
 Cultura

Si desea contactar
con la Redacción de
La Crónica de Sevilla, pulse aquí

 


| OPINIÓN |
Y la medalla es para.... ¿España?

Alejandro Reches Selas
Alumno de 3º de Periodismo en CEADE


Año 2008, bisiesto y sobre todo olímpico. Este verano una nueva llama se iluminará en un estadio, en este caso en Pekín, y dará comienzo la mayor cita deportiva que existe. Al igual que la mencionada llama, también se encenderán las ganas de obtener el mayor número de medallas posible, pero en este país nuestro el asunto es tratado de manera peculiar, también es verdad que en otros países también ocurra, pero el lema ‘Spain is different’ creo que se cumplirá una vez más.

Ya nos estamos encontrando, sobre todo en la televisión, espacios dedicados a la cita olímpica centrándose en hitos de ediciones pasadas y, en menor medida, referencias a posibilidades de obtener metales que engorden el casillero nacional. Sin embargo, se está ya empezando a crear expectativas en algunas especialidades como el tenis, en la figura del gran Rafael Nadal o en natación sincronizada donde se da por seguro que se conseguirán varias medallas de oro, siempre a tenor de resultados obtenidos en competiciones previas a este gran evento. Ya en las anteriores Juegos Olímpicos, celebrados en Atenas, los informativos se llenaron, los días previos a la disputa de las diferentes especialidades deportivas, de noticias demasiado optimistas sobre las grandes posibilidades de España de medalla en tal o cual deporte, llegando luego a una decepción porque no se conseguía nada, si acaso diplomas olímpicos, que aunque tengan su valor, no es comparable a una subida al podio con un metal colgado del cuello.

La experiencia vivida tras el estallido del deporte español, gracias a los grandes éxitos de Barcelona en 1992, no debe cegarnos por el entusiasmo y la euforia, ya que en este país se echan demasiado pronto las campanas al vuelo, por lo que es aconsejable ser prudentes en las predicciones de éxito, más que nada por la gente que desde sus casas hará el esfuerzo de disfrutar de estos Juegos Olímpicos, en este caso algo complicado por la diferencia horaria pero que compensará al verdadero aficionado al deporte.

La mejor forma de evitar pegarnos el batacazo, como en Eurocopas, Mundiales o Festivales de Eurovisión, es siendo prudentes, puesto que se ha de pensar que los deportistas son seres humanos, no máquinas que funcionan a la perfección, y no tienen por qué triunfar siempre, aparte de que, en algunos casos, esas expectativas de éxito también es un factor de presión más para ellos, ya que son conscientes de las esperanzas depositadas en ellos y eso puede causar un efecto negativo en su rendimiento, aunque existen auténticos profesionales que consiguen ir a lo suyo y abstraerse de esa vorágine de seguidores con sed de triunfo.

Las Olimpiadas son una muestra del esfuerzo humano y, en vez de mirarnos el ombligo, se debe valorar el esfuerzo no sólo de los nuestros sino del resto de atletas.



Nunca ganaremos nada

Pablo Rodríguez
Alumno de 3º de Periodismo en CEADE


Lamento ponerme tan agorero, pero empieza otra Eurocopa y es como si ya la hubiera visto, partido a partido, con emoción por futbolero pero sin ilusión como español, porque este cuento ya me lo sé. Los que hacen de Dickens son los periodistas deportivos, que nos enfundan de antemano el peto de ganadores y luego van haciendo la crónica de nuestra derrota, y pasan de la euforia a la estupefacción sin despeinarse. En plan: cómo podíamos esperarnos esto, rediós, si nuestra todopoderosa selección, cuya autoridad ganada a golpe de trofeos es indiscutible, siempre se queda ahí, y cada vez nos eliminan a las puertas de la final del torneo de marras. Y cuando nos eliminan, a todos nos entra la risa tonta por ahorrarnos las lagrimitas de pitiminí. O por no asaltar con un puñado de sartenes en ristre a los titiriteros del género de prensa antes citado. Al grito de campeones, campeones. Oé, oé , oé.

El problema de España es que sólo sentimos los colores durante las dos semanas que tardamos en caer eliminados, y el resto del tiempo a todo el mundo le da lo mismo la Selección. Eso sí, luego todos rajamos de lo lindo cuando nos dan largas en un alarde de cinismo portentoso.

Por otra parte, ocurre que somos el único país del mundo que anteponemos los éxitos de nuestros clubes a los de nuestra selección. Imaginemos lo que cualquier otro país hubiese logrado contando en su liga autóctona con un Madrid y con un Barça. O lo que hubiese conseguido contando entre sus filas con portentos como Di Stéfano, Kubala o Gento. O lo que hubiese hecho, sencillamente, jugando en casa con el viento a favor. Pero no. Los españolitos descubrimos las Américas, pero las semifinales de un Mundial siguen siendo territorio ignoto para nosotros.

Nosotros nunca hemos hecho nada memorable porque nos da más morbo hacerle la cusqui al vecino de al lado en la Liga que unirnos a él en las competiciones internacionales. Es cosa, en fin, del carácter español. Cuando Beckham decidió largarse a los EEUU, lo primero que dijo fue: "Espero que mi país siga contando conmigo". En cambio, aquí en España, si uno dice que su equipo es la selección española, lo miran raro, si no mal. Y es una lástima que en esta tierra nuestra levantar tu propia bandera implique tantas connotaciones, y que apoyar a un equipo que sólo ofrece decepciones cueste tan caro. Por eso nunca ganaremos nada.





SUBIR

 
  Para el turista

Consejo de redacción

La Crónica


Sevilla ofrece este verano al visitante un producto innovador. Se trata de un paquete turístico, que nace como respuesta a las demandas del sector empresarial en un intento de acabar con la estacionalización del sector, y que acoge un completo programa de actividades culturales, de ocio y también gastronómicas, que son bastante acertadas.

El objetivo de esta iniciativa, que se desarrolla del 20 de junio al 14 de septiembre, es captar turistas a la ciudad. Se trata de compensar las altas temperaturas que se registran en Sevilla durante estos meses con interesantes visitas a monumentos (como la Catedral o los Reales Alcázares), paseos por el río Guadalquivir, jornadas en Isla Mágica y rutas gastronómicas por algunos de los muchos y buenos restaurantes de los que dispone esta capital.

La idea es muy buena, no sólo por la proyección nacional e internacional de Sevilla como destino turístico, sino también, y muy importante, por los beneficios económicos que va a suponer para los empresarios y comerciantes de la ciudad. Todos salen ganando: hoteles, transportes públicos, restaurantes, cafeterías, tiendas, etc.

Iniciativas como esta son las que necesita Sevilla para no quedarse atrás en el ranking de ciudades con solera que, además, progresan a nivel económico.